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Introducción        Equinoterapia        Delfinoterapia        Terapia con perros        Terapia con otros animales

 

 

El perro es un animal asombroso por su capacidad de aprendizaje, obediencia, fidelidad y amor incondicional. Adopta  una actitud afectiva y un  gran apego hacia el ser humano sin hacer juicios de valor, además pueden ser excelentes guías. Son lúdicos,  juguetones y están a nuestro lado fielmente durante toda su vida.

En España la Organización Nacional de Ciegos (ONCE) se encarga del adiestramiento de  perros-guía, como auxiliar de movilidad, a las personas ciegas o deficientes visuales. Para realizar esta labor se precisan perros de carácter equilibrado, y que aprendan con facilidad. Este tipo de perros no pueden distraerse frente a ninguna situación, han de estar capacitados para desenvolverse cómodamente en cualquier lugar donde se encuentren personas u otros animales, sin presentar signos de agresividad. Trabajan principalmente con tres razas: labrador, golden retriever y pastor alemán. Los animales de estas razas, y cruces entre ellas mismas, son muy adecuadas para la función que de ellos se va a solicitar buscando, en todo momento, un correcto equilibrio temperamental. Son animales vivaces e inteligentes, con muchas ganas de aprender y gusto por el trabajo. Sólo hay un centro de la ONCE en España, y está en Boadilla del Monte (Madrid) desde 1998, es una  finca de 100.000 metros cuadrados y cuenta con una residencia canina, sala de partos, clínica, bloque de cachorros, entrenamiento, aislamiento y pista de ejercicios. Se entrenan alrededor de 100 perros anuales, y se quiere  superar los 120 anuales.  

 

 

Los perros-guía además de acompañarles en sus salidas, son capaces de hacer algunas tareas en el hogar. Las personas que son dueños de los perros de asistencia a menudo se sienten más cómodos en público que los que usan bastones. Los investigaciones han demostrado  que los perros tienen la capacidad de detectar la inminente crisis epiléptica  debido a los cambios eléctricos que se producen en el cerebro. Gracias al sentido  del olfato puede oler  en el sudor u otras secreciones que se producen justo antes de la convulsión de  diabéticos, porque cuando los niveles de azúcar en la sangre caen, el aliento de un diabético cambia de dulce a un fuerte olor a amoníaco.  Los perros pueden alertarles de éstos ataques o convulsiones e  ir a buscar ayuda, ya que   han sido entrenados   incluso para marcar  el número de  un teléfono de emergencia.   

Los perros de terapia satisfacen la necesidad universal de los seres humanos para el contacto físico. En muchas ocasiones, las personas inhibidas que rehúyen del contacto físico con seres humanos, con gusto se acercan a los perros para acariciarlos.  Para personas que padecen la enfermedad de Alzheimer,  los perros sirven como elemento de contacto con la realidad. Una de las dificultades más notables en niños con trastorno por déficit de atención, es la imposibilidad de concentrarse, por ello los perros sirven como punto de interés. Cuando un niño afectado pueda prestar atención a un perro por períodos de tiempo cada vez más largos, podrá generalizar la capacidad de concentración que va adquiriendo a otras áreas de su vida.  

Se ha demostrado que uno de los problemas que más sufren los ancianos, es la soledad.  Brindar cariño a través de los perros a los ancianos, disminuye el sentimiento de soledad y aislamiento. En una encuesta realizada en los EEUU, se observó que las personas mayores de 65 años que poseían un perro sufrían depresión con menor frecuencia que los que no lo tenían. Se concluyó que el perro podría actuar como soporte de las emociones, pasando a ser un ser en quién se puede confíar y a quién se le habla, dándosele así al anciano un apoyo ante el aislamiento y la soledad. Además realizan menos visitas al médico, seguramente  debido a la disminución del stress, debido a los beneficios que el animal le da a su dueño, no sólo con pasearlo, darle de comer... sino porque le crea una serie de rutinas diarias. El simple hecho de acariciar al perro, provoca un relajamiento, lo cual se traduce en una disminución de la presión arterial. Los movimientos del brazo, la mano y otras partes del cuerpo, que se ven obligados a realizar para acariciar a los perros,  le obligan a  moverse y a  estirarse.  Se favorece  el intercambio afectivo,   dan y reciben cariño. Y a esas edades suele faltar el recibir, lo cual acelera los procesos seniles. El anciano adquiere nuevas responsabilidades, lo que le hace volverse más activo, se preocupa más por si mismo, dejando así el abandono en el que se sumen, tras la soledad.  

     

 

 


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