El Suiseki es una piedra generalmente pequeña que con su forma y colores nos recuerda a un paisaje, un objeto de la naturaleza, un animal, incluso
una figura antropomorfa. Esta forma de arte se originó en China, donde existe la tradición de colocar piedras, de una belleza especial, sobre algún tipo de pedestal, tratando de evocar islas, montañas, paisajes, etc., aunque tal y como lo conocemos en la actualidad, es una adaptación de esta tradición china al uso y costumbre japonés.
Es una piedra sin ningún tipo de manipulación y generalmente debe ser de un tamaño que permita su transporte fácilmente, lo ideal es que se pueda coger con una sola mano o como máximo con dos manos. Si fuera necesario cogerlo entre dos personas, sólo sería por considerarse una roca
realmente excepcional. En otros lugares del mundo, a estas rocas se las denomina shangshi (China), suseok (Corea) y landscape stones (piedras paisaje) o viewing stones (piedras de contemplación) en los países de habla inglesa, en un intento de mezclar todos los estilos (suiseki, shangshi y suseok). Las rocas más apreciadas son las que poseen varios colores subyacentes, los cuales parecen emerger de la roca, iluminados por una luz interior.
Las Piedras Cósmicas (Suiseki), eran apreciadas por su belleza natural y por su simbolismo filosófico. Para los Budistas, estas piedras representaban el Monte Sumí, una sagrada y mítica montaña; para los Taoístas representaban el Monte Horai, el paraíso Taoísta; para los seguidores chinos de la Filosofía
del Yin-Yang, en estas piedras se podía observar el simbolismo de los elementos opuestos y complementarios de la fuerza del Universo; para los japoneses Shintoístas la belleza de estaspiedras eran una demostración de la fuerza espiritual de los dioses. Bajo la influencia del Zen, con su énfasis en la austeridad, meditación, intuición y directa comunión con la naturaleza, un tipo diferente de piedras
Cósmicas comenzó a ser apreciado. Se desarrolló el gusto por piedras más sugestivas que explícitas, más naturales e irregulares que artificiales y simétricas; más austeras y despojadas de ostentación, colores y brillos. Reducidas a elementos esenciales, las piedras cósmicas significaron refinamiento, introspección e iluminación.
Aunque en Japón la forma más habitual de clasificar un suiseki es por su origen, en occidente se suele clasificar por su forma:
Rocas paisaje (sansui kei-seki)
- Forma de montaña (yama-gata-ishi)
Formadas por una o varias cimas. Si las cimas son blancas, recuerdan pendientes nevadas, nubes o torrentes de montaña envueltos en niebla.
- Forma de cascada (taki-ishi)
- Forma de ríos o torrentes que discurren por una montaña (keiryu-seki)
- Forma de meseta (dan-seki)
Presenta una sucesión de mesetas y de acantilados verticales como una escalera. Los planos horizontales deben ser de medidas y alturas diferentes. La meseta más alta debe tener una superficie correspondiente a un cuarto de la superficie de la roca.
- Forma de isla (shimagata-ishi)
- Forma de ladera (doha-seki)
- Forma de costa de playa o bahía (isogata-ishi)
- Forma de costa rocosa (iwagata-ishi)
- Forma de lago o laguna que se encuentran entre montañas (mizutamari-ishi)
- Forma de cueva (dokutsu-ishi)
- Forma de refugio (yadori)
- Forma de túneles (domon-ishi)
El túnel debe atravesar toda la roca.
Rocas objeto, animales o antropomorfas (keisho-seki)
- Forma de objeto: puente (hasi-ishi)
casa (yagata-ishi)
cabañana japonesas tradicional (kuzuya-ishi)
barca (funagataa-ishi)
- Forma de animal (dobutsu-seki): pez (uogata-ishi) o pájaro (torigata-ishi)
- Forma de insecto (mushigata-ishi)
- Forma humana (sugata-ishi)
Se puede exponer en solitario como elemento decorativo en un tokonoma (pequeño espacio elevado sobre un washitsu, una habitación de estilo japonés con piso de tatami, en donde se cuelgan rollos desplegables decorativos con pinturas "Kakemono") o acompañando a un bonsái durante una exposición,
en cuyo caso se denomina tenseki y se trata de piedras que representan la estación del año (invierno, primavera, verano u otoño) con relación al bonsái.
Hay dos formas de exponerlo, una es en una pequeña base de madera tallada especialmente para albergarlo llamada daiza y la otra es sobre una bandeja grande y plana que nos ayuda a imaginarlo en un entorno natural (agua o arena). Esta bandeja puede ser de cerámica (suiban) o de metal, generalmente,
bronce (doban). El daiza se labra en madera, según el contorno de la piedra, ahondando para que la piedra se acople y no se mueva, también se le pueden añadir patas y más profundidad al labrado de la madera. Una de las características principales de un auténtico suiseki es que haya sido modelado exclusivamente por la erosión de las fuerzas de los diferentes agentes naturales
(el agua, el viento, el mar, etc.), no debe tener ninguna intervención artificial sobre su modelado, no así sobre su aspecto final o pátina, en la que se permite algún tratamiento mínimo que sirva para potenciar y resaltar algunos detalles.
Herramientas para crear la daiza:
- Banco de carpintero con tornillos de sujeción para inmovilizar la madera.
- Formones, gubias y martillo para golpearlas.
- Sierras, una de marquetería y otra manual.
- Limas, lijas, cepillos de ebanista, cepillo de acero, punzones, destornilladores pequeños, rascadores, etc.
- Taladro eléctrico para emplear diferentes accesorios y fresar que permitan lijar, limar, etc. aunque también puede hacerse manualmente.
- Madera dura como caoba, castaño o teca, también se puede usar más blanda como la de pino, cerezo, arce o roble por ejemplo, pero que sea de calidad y esté perfectamente seca, para evitar deformaciones y agrietamientos.
Una vez encontremos una piedra que nos agrade a primera vista, tendremos que limpiarla a fondo, sobre todo aquellas que provienen de estratos. Para ello se usa un cepillo de acero, los de latón o bronce no son recomendables al ser demasiado blandos y depositar parte de metal con lo que alteran el color natural
de la piedra. Si mojamos la piedra levantará menos polvo. Para limpiar las grietas se pueden usar punzones o destornilladores planos pequeños. Una vez bien limpia y sometida a agua con presión, para el aspecto final tendremos que dar una pátina. Los puristas en este tema sostienen que, para obtener una pátina perfecta, el Suiseki ha de envejecer a lo largo de décadas. La pátina más valorada es la conseguida de forma natural al tocar la piedra a lo largo de muchos años, los Suisekis más valorados son
los que han pasado por la vida de varios propietarios. Con el tiempo se va depositando la grasa de la piel, que va dando a la superficie de la piedra el tenue brillo que la caracteriza. Para intentar conseguir este brillo se puede aplicar aceite de linaza con un pincel, diluido al 50% con disolvente para esmaltes. Una vez aplicado, retirar el aceite sobrante con un trapo
y frotar la piedra con un cepillo, para que no quede lo más mínimo, únicamente lo absorbido por la piedra. Tras dos días frotarla con las manos y un trapo de algodón. Sólo con el paso del tiempo, el polvo acumulado y nuestros cuidados dará al Suiseki su personalidad.
Si la piedra está cubierta por una capa de residuos calizos, tendremos que ablandarla antes con agua fuerte, teniendo mucha precaución en su manejo y siguiendo las recomendaciones del fabricante. Para no dañar la piedra usar un porcentaje de dilución más bajo, un 3%. Después de unos 5 a 10 minutos, sacarla y
enjuagarla con agua hasta eliminar por completo los restos del ácido. Luego pasarle un cepillo manual con púas de alambre de acero, aplicar el aceite de linaza y proceder como en el caso anterior.