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Aun siendo uno de los parques más atractivo y  visitado de la capital de España, no es sin duda el más antiguo, por que su origen data de los últimos años del siglo XIX.

La zona en la que se ubica hoy el parque del Oeste fue durante buena parte del siglo XIX, el más popular de los vertederos de Madrid, pero la expansión de la ciudad hacia el noroeste clausuró el vertedero y en 1893 se iniciaron las labores propias para convertir lo que fuera un lugar desagradable en un parque que con el tiempo ha llegado a ser uno de los más populares de la capital. La primera etapa de saneamiento concluyó en 1905, pero el que fuera Alcalde de Madrid, D. Alberto Aguilera encargó a D. Celedonio Rodrigañez la creación de un parque en esa zona. Las obras comenzaron inmediatamente   y el Parque del Oeste se convirtió en uno de los más populares por su proximidad a la castiza zona de la plaza de España, la ermita de San Isidro, patrón de la villa y la Gran Vía, por aquel   entonces la calle más cosmopolita Madrileña, hasta el punto de que se la conoció como el “Brodway madrileño”.

 

 

En lo alto de la montaña del Príncipe Pio estaba situado el Cuartel de la Montaña, edificación militar que, al comienzo de la Guerra Civil fue escenario de uno de los combates más cruentos que se conocieron. La edificación quedó gravemente dañada y finalizada la contienda, fue demolida. Los movimientos de tropas   para tomar o defender Madrid, quedaron bloqueadas en lo que se llamó el frente de la Ciudad Universitaria por lo que inmediatamente las posiciones fueron fortificadas, creando bunkers y numerosas trincheras cruzando el parque en toda su extensión, por lo que quedó prácticamente destruido durante los tres años de sangrienta contienda.

 

 

Finalizada la trágica guerra, le fue encargado al responsable de Parques y Jardines de la ciudad, D. Cecilio Rodríguez, la restauración de esta espectacular zona verde, y lo hizo respetando la orografía que le hace tan atractivo. Las obras se prolongaron hasta finales de los años cuarenta y en buena medida, su trazado se ha mantenido hasta ahora.

 

 

En 1956 se decidió ampliar el parque uniéndole el solar del Cuartel de la Montaña que, tiempo después, recibiría el más hermoso de los regalos. Dos años más tarde, bajo la dirección de Ramón Ortiz se construyó la fantástica rosaleda que hoy lleva su nombre, bajo la estación del Teleférico y del paseo del Pintor Rosales. En este recinto cabe destacar, además de las instalaciones en las que se desarrollan exposiciones y actividades, como la anual de Bonsais, una monumental fuente diseñada por Lucio Oñoro en la que destaca sobre manera una hermosa escultura, obra de Federico Coullaut. Desgraciadamente, al cierre de esta edición, el funcionamiento de esta hermosa fuente está deshabilitada por las medidas de austeridad del Consistorio Madrileño. Todos los años se celebra un concurso internacional de Rosas y es, también, la sede del Club Español de la Rosa.

Sin duda, el lugar emblemático del parque está situado en el solar del Cuartel de la Montaña donde se encuentra el Templo Egipcio de Debod, un regalo del Pueblo de Egipto por la ayuda de España, en colaboración con la UNESCO en el salvamento de los templos de Nubia amenazados de destrucción por la construcción de la Presa de Asuan, en especial la ayuda prestada por el salvamento del más famoso de ellos, el templo de Abu Simbel.

 

 

Las piedras llegaron a Madrid en 1968 y no mucho tiempo después fue inaugurado constituyendo uno de los más importantes lugares a visitar del Parque del Oeste. El templo de Debod recibe su nombre por el lugar en que estaba situado y estaba dedicado al Dios Amon y la Diosa Isis, y al parecer su construcción data de entre el 200 y el 180 AC. Es decir, tiene alrededor de 2200 años e iba a quedar sumergido bajo las aguas del embalse de Asuan.

 

 

Pero el parque tiene más lugares destacables, como los que albergan monumentos y estatuas de personajes importantes en la historia de la hispanidad, muchos y variados, pero permítanme deleitarme en algunos lugares especiales, como la escultura dedicada al maestro, la fuente dedicada al arquitecto Juan   de Villanueva, junto al paseo de Camoens y que en un principio estuvo situada en la glorieta de San Vicente, hermosa obra ahora también afectada por la “Ley seca”. Dentro del parque, o más bien en los extremos del mismo se pueden visitar lugares curiosos y poco conocidos hasta por los madrileños, de entre ellos cabe destacar el cementerio de la Florida, que data de 1796 y que es la última morada de los 43 patriotas fusilados la noche del 3 de mayo de 1808 en la montaña del Príncipe Pio, acto dramáticamente inmortalizado por el genial pintor de Fuendetodos, Francisco de Goya, en una de sus obras más conocidas y valoradas, los fusilamientos del dos de mayo. Junto al cementerio, que no suele estar abierto, pero que desde la puerta se puede ver y fotografiar el monumento que recuerda la memoria de los allí inhumados junto a una llama permanente, está la escuela de cerámica, fundada en 1817 por Fernando VII, Rey de infausto recuerdo, en sustitución de la destruida por los franceses en El Retiro madrileño y por la que han pasado numerosos profesionales para formarse en las artes del moldeado y la cocción de piezas de artesanía cerámica, a pesar de los muchos avatares por los que pasó, con cierres y reaperturas hasta que en 1811 sentara en sus instalaciones, en 1911, Francisco de Alcántara la nueva escuela de cerámica.   De ella destaca el gran horno en forma de vasija que se deja ver desde las zonas mas bajas del parque. En la zona más cercana a la Ciudad Universitaria se encuentran los restos del frente que ocupó buena parte del parque, que son tres bien conservadas fortificaciones de hormigón, pertenecientes a las líneas de las tropas de Franco, son los únicos que se conservan, por que en esa zona del frente llegaron a construirse al menos 20 fortificaciones. Hoy gozan de protección histórica.

 

 

Por último, en el paseo del Pintor Rosales está situada la estación del Teleférico que une este parque con una colina de la Casa de Campo próxima al Parque de Atracciones y al Zoológico y que en su trayecto ofrece unas vistas inmejorables del parque, las riberas del río Manzanares y algunos lugares hermosos de la Casa de Campo, finca que fue lugar de esparcimiento de la familia Vargas y posteriormente cazadero real, pero eso es ya otra historia.

La flora de este parque esta dominada por una hermosa proliferación de coníferas y frondosas, que en temporada ponen una inestimable nota de color sobre el abundante verde de sus praderas, pero no quiero terminar sin destacar alguno de sus árboles más emblemáticos, como dos ejemplares de Sophra péndula, un fantástico Ginko, un árbol que adoro, choperas de hermoso porte y en especial, un árbol catalogado como singular por la Comunidad de Madrid, es un Cedrus Atlantica al que cariñosamente se le conoce como “el abuelo” y que está cerca de la ría, en la zona más próxima a la Ciudad Universitaria.

 

 

En cuanto a las aves que pueblan el parque, hemos podido comprobar que una especie ha tomado el parque al asalto y está provocando un desequilibrio ciertamente importante en este espacio natural, son las cotorras argentinas o cotorras de Kramer, muy abundantes y destructivas, ese es tal vez uno de los precios que hay que pagar por la globalización y la estupidez de quienes sueltan animales de compañía cuando toman conciencia de que constituyen una responsabilidad importante y que no son peluches que cuando dejan de gustar se pueden meter en un armario.

La visita al parque del Oeste es simplemente un paseo por un oasis de naturaleza y a mi entender, uno de los más hermosos de Madrid, al menos, a mi me lo parece y es uno de mis paseos favoritos, especialmente en otoño y primavera, os invito a disfrutarlo.

 

 

 

 


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