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La Gran Muralla China

 

Se da por hecho que la Gran Muralla se ve desde el espacio, pero no es cierto, entre otras razones porque una buena parte de sus casi   9000 kilómetros de longitud ya no existen, pero que el mito de su visibilidad espacial no responda a la verdad, no hace que esta construcción sea un hito digno de ser visitado. Las fotografías de las sucesivas estaciones orbitales y el consabido Google Earth, han acabado con el mito de que la Gran Muralla era la única construcción de la humanidad, visible desde el espacio, no, al menos en el siglo XXI no es cierto, porque no se puede ver lo que ya no existe.

 

Solo se conserva en condiciones aceptables el 30% de lo que fue una obra enorme, costosa en recursos y vidas. Hay quien afirma que la Muralla es el mayor cementerio del Mundo ya que en su proximidad se especula que hay enterrados alrededor de 10 millones de trabajadores además de los guerreros de uno y otro lado que perdieron la vida intentando franquearla o defenderla.

El origen de la Gran Muralla es muy antiguo, data del siglo V a.c., lo que significa que los primeros tramos de la edificación fueron construidos hace 2500 años durante el periodo llamado “Primaveras y otoños” y   “reinos combatientes”. Ya en aquellos tiempos, el peligro que amenazaba a lo que después sería el imperio Chino, residía al norte de sus tierras.

 

Las tribus nómadas de Mongolia y Manchuria hacían frecuentes y sangrientas incursiones en la fértil y rica tierra china, expoliando bienes e incluso anexionándose tierras de cultivo. Estas tribus nómadas, llamadas por los defensores chinos Xiongnu llegaron a amenazar seriamente a las tierras del sur. Las dificultades para proteger sus dominios, acrecentadas por la enorme distancia que era necesario defender, dada la longitud de sus fronteras, empujó a los señores del sur primero y a los emperadores de sucesivas dinastías después, a construir una empalizada que fuera más sencilla de vigilar y sobre todo, difícil de franquear. El origen es pues anterior a las dinastías gobernantes posteriores que, también, al seguir sufriendo las embestidas de las tribus del norte, continuaron agrandando la muralla que crecía tapando las zonas por las que penetraban sus enemigos. La muralla siguió creciendo durante casi 400 años, los siguientes 1000 años, la muralla apenas aumentó, tan solo se hacían labores de mantenimiento   en los lugares donde el tiempo, los elementos y las escaramuzas con algunas tropas revoltosas del norte lo hacían necesario.

 

A partir del siglo XIV, con la llegada de la dinastía Ming, las hostilidades con el imperio Manchú se hicieron frecuentes, por lo que se reforzó especialmente la muralla más próxima a la capital mediante la construcción de empalizadas de piedra caliza o ladrillo cocido como veremos más adelante, esas son las zonas más conocidas, más fotografiadas y en la actualidad, las más cuidadas por la gran afluencia de turismo que soportan, otras zonas no están recibiendo los mismos cuidados, además, la construcción de la mayor parte de la muralla no es tan sólida como la de esta zona, por ello, es probable, desgraciadamente que en medio siglo, lo que quede de la Gran Muralla no pase de un 10 % de su longitud en el momento de mayor esplendor.

 

Pero a pesar de los intentos de la dinastía Ming por frenar la invasión Manchú, recrudecida desde principios del Siglo XVII, en 1644, todos los sistemas defensivos saltaron en pedazos y China fue invadida, desde ese momento, el protagonismo de la Gran Muralla se perdió ya que no era necesaria para frenar a los guerreros del norte, ellos ya se habían apoderado del sur. Con todo, vastas zonas de la muralla, las más débiles por los materiales que la conformaban o aquellas cuya factura permitía reciclar sus componentes para otros menesteres, fueron poco a poco desapareciendo.

 

La Gran Muralla se fue construyendo con los materiales de que se disponía en el entorno, con ello se obtenían dos ventajas, la primera desbrozar el entorno para que cualquier ataque fuera en campo abierto, la segunda, no necesitar mover grandes cantidades de materiales para su construcción, así, según la zona, estaba construida por capas alternas de grava triturada y cañas o granito y también con alma de barro y tierra recubierta de piedra caliza, mármol o ladrillo cocido. Por lo general, la altura de la Muralla estaba entre 6 y 7 metros y el ancho de la empalizada oscilaba entre los 4 o 5 metros, salpicada cada cierta distancia de torres de vigilancia, muchas de ellas, además hacían funciones de aviso preventivo con sistemas de señales de humo que permitían lanzar alarmas de invasión y cuarteles de control de guardia y vigilancia, algunos especialmente diseñados para albergar unidades de caballería. En sus mejores tiempos llegó a disponer en sus cuarteles y torres la friolera de un millón de guerreros.

 

Cualquier viaje a Pekin no puede obviar una visita a la Gran Muralla, ya que la zona más tradicional de ésta, está a pocos kilómetros de la capital de China, aunque sea la parte más moderna, ésta se eleva sobre la más antigua y por ello rezuma un pálpito ancestral que a nadie deja indiferente.

 

 

 

 


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