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El  Campo del Moro se encuentra  en Madrid, y fue declarado de interés histórico-artístico en 1931. Es de planta rectangular y ocupa una superfice de unas veinte hectáreas, que se extienden, de este a oeste, desde la fachada occidental del Palacio Real hasta el Paseo de la Virgen del Puerto.  Salvan un pronunciado desnivel, provocado por el barranco existente entre el palacio y las riberas del río Manzanares.

 

 

El nombre le viene por ser el nombre que tenían los   terrenos situados entre el Palacio Real de Madrid y el valle del río Manzanares  a partir del siglo XIX.   Éste proviene de los promotores de los jardines, quienes, buscando una denominación, recurrieron a episodios históricos. Y tomaron como referencia  el ataque contra la ciudad protagonizado por el caudillo musulmán Alí Be Yusuf, que, en 1109, intentó reconquistar la plaza de Madrid, en manos de los cristianos. Supuestamente, había acampado junto con sus tropas en este lugar.

 

La idea de levantar una zona recreativa en el paraje que hoy ocupa el Campo del Moro es anterior a la edificación del Palacio Real de Madrid. Los primeros intentos surgieron en tiempos de Felipe II, que qdquirió estos terrenos y otros colindantes para dar grandiosidad al Alcázar. Encargó un proyecto para salvar el desnivel existente entre el Real Alcázar y la hondonada del río Manzanares. Sin embargo, tal iniciativa no pudo llevarse a efecto. Durante los reinados de Felipe III y Felipe IV el Campo del Moro había sido lugar de todo tipo de fiestas hasta que por influencia del Conde Duque de Olivares los festejos se empezaron a celebrar en el Parque del Buen Retiro.  Felipe IV  utilizó esta zona  con fines cinegéticos  y ordenó la plantación de diferentes especies arbóreas, mayoritariamente olmos. En la Nochebuena de 1734, reinando Felipe V, se produce un gran incendio que destruye totalmente el Alcázar. Cuatro años más tarde, en 1738, empezó la construcción del nuevo Palacio Real. Fueron realizados numerosos planes de ordenación del recinto, que no pudieron materializarse ante la escasez de agua, las dificultades que ofrecía el terreno y la ausencia de recursos económicos. Hubo otros  proyectos promovidos por  Felipe V  y Carlos III, encargando  a diferentes arquitectos del palacio, como Juan Bautista Sachetti, Francisco Sabatini y Ventura Rodríguez, y  al jardinero  Esteban Boutelou, pero no pudieron llevarse a cabo.

 

 

En cambio, sí que pudo realizarse  el diseño del arquitecto Juan de Villanueva, con el que se conectaba, mediante una gruta artificial, el Palacio Real con los jardines de la Casa de Campo, situados al otro lado del río Manzanares. Fue excavada en 1810, durante el reinado de José I, un año antes de la muerte de Villanueva. En 1891 fue objeto de una remodelación, que consistió en la instalación de rocalla como elemento ornamental. Aún se conservan varios tramos de este pasadizo, localizados, los más relevantes, en el propio Campo del Moro y bajo el antiguo Camino de Castilla.

 

 

El impulso definitivo para la realización de los jardines tuvo lugar en 1844, cuando Agustín Argüelles Álvarez, preceptor de la reina Isabel II durante su minoría de edad, y Martín de los Heros, intendente del Real Patrimonio, encargaron al arquitecto mayor de palacio, Narciso Pascual y Colomer, un nuevo diseño. Ideó un conjunto formalista, aunque  las obras de ajardinamiento no pudieron llevarse a cabo hasta finales del siglo XIX, que corrieron a cargo de Ramón Oliva, que alteró el concepto original mediante un planteamiento romántico.  Narciso Pascual y Colomer, planeó como punto neurálgico la construcción de una gran avenida entre el Palacio Real y el Paseo de la Virgen del Puerto. Además de  salvar la fuerte pendiente,  realzaba la panorámica de la fachada occidental del edificio. Para la nivelación del terreno, se emplearon, entre otros materiales, los escombros procedentes de las iglesias y viviendas demolidas durante la ampliación de la Puerta del Sol.   Esta avenida, es conocida como las Praderas de las Vistas del Sol.

 

 

En esta avenida se instalaron  dos fuentes monumentales: 

 

- La  Fuente de los Tritones, que se levanta a los pies de la fachada occidental del palacio, en el punto más alto de la avenida y de todo el recinto. Fue construida en Italia en el siglo XVII o    finales del siglo XVI   y trasladada a España en 1656, año en  que Felipe IV ordenó instalarla en el Jardín de la Isla, de Aranjuez. En 1846 fue colocada en su emplazamiento actual. Está labrada en mármol blanco, y toma su nombre de las cuatro esculturas de tritones mitológicos situadas en su base.

 

- La Fuente de las Conchas, se debe a un diseño del último tercio del siglo XVIII, realizado por Ventura Rodríguez. Decoró los jardines del Palacio del Infante don Luis, en Boadilla del Monte, propiedad de Luis Antonio de Borbón y Farnesio, hasta su traslado al Campo del Moro en el siglo XIX, donde ocupa el centro de la avenida. Fue esculpida por Francisco Gutiérrez Arribas y Manuel Álvarez el Griego. Está hecha en mármol blanco, y  personajes mitológicos constituyen su motivo principal. 

 

Los restantes paseos son obra de Ramón Oliva. Responden a un modelo romántico, muy alejado de los esquemas formalistas, en cuadrícula, de Pascual y Colomer. Presentan trazados irregulares, con abundancia de tramos curvados. También hay numerosos caminos semiocultos, rutas alternativas y atajos, en la línea de los gustos paisajísticos del romanticismo. Es el caso de los caminos de las Cuatro Llaves y de las Cadenas. La única  excepción es el Paseo de Damas, heredero del diseño  de Pascual y Colomer.  

 

 

 

 

 

Las obras  de los jardines, se suspendieron tras el triunfo de la revolución de 1868  " La Gloriosa" , y el   exilio de Isabel II. Pudieron retomarse en 1890, durante la regencia de María Cristina de Habsburgo y Lorena, cuando se procedió a la plantación de unos 9.500 árboles (entre ellos, 400 palmeras) y 20.800 arbustos (de ellos, 12.000 eran rosales), bajo la dirección del jardinero Ramón Oliva. Es la época del jardín mixto, de influencia inglesa, predominando la imitación a la naturaleza en estado libre. Se construyen caminos con suaves y onduladas curvas entre los que alternaban las praderas de césped y los macizos de flores.

 

 

 

En 1898 fueron levantadas  distintas casas de madera, hechas en estilo tirolés, como el Chalet  de la Reina o el Chalet de Corcho. Se deben al arquitecto y jardinero Enrique María Repullés, autor también de la ornamentación de la gruta diseñada por Juan de Villanueva. Durante la Guerra Civil española  sufrió importantes daños y fue restaurado en los años cuarenta. En 1960, se construyó un nuevo edificio en su interior, que sirve de sede al Museo de Carruajes, obra del arquitecto Ramón Andrada.

 

 

 

Una  construcción de interés histórico-artístico, por su antigüedad y complejidad técnica, es  la gruta de Juan de Villanueva, cuyo acceso se encuentra debajo de las escaleras instaladas en la entrada del Paseo de la Virgen del Puerto.

 

En los jardines se pueden ver  numerosos  motivos ornamentales, entre los que figuran diferentes jarrones artísticos, parterres, estanques, rocallas, pequeñas fuentes, aviarios y esculturas, como las estatuas  de Isabel II y Francisco de Asís de Borbón.  

 

 

 

 

 

 

El jardín cuenta con  una zona de rosaleda en forma circular. Y se pueden ver 185 familias de árboles y arbustos, algunos  con  más de 150 años. Destacan ejemplares de Taxus baccata, Cephalotaxus fortunei, Broussonetia papyrifera, Gynocladus dioicus, Quercus robur, Pinnus, Coleuteria, Secuoya  y  ejemplares de los géneros Cedrus, Picea, Celtis y Aesculus.

 

 

Entre ellos  6  árboles catalogados como Árboles Singulares por la Comunidad de Madrid,  Pino Carrasco del Campo del Moro  (Pinus halepensis), Pino Piñonero del Campo del Moro (Pinus pinea), Roble del Campo del Moro (Quercus robur), Secuoya del Campo del Moro (Sequoia sempervirens), y Tejo del Campo del Moro I y II (Taxus baccata).

 

 

 

 

También habitan numerosas aves,  como el pavo real, faisán, ánade real, cisne, pájaro carpintero, pardillo, petirrojo, grulla,  tórtola y   paloma.  

 

 

 

Aunque posee tres puertas de entrada, dos de ellas son de acceso restringuido,  comunicadas entre sí mediante un paseo longitudinal, situado en la parte alta de los jardines, a los pies del Palacio Real. Recorre los recintos de la Fuente de los Tritones, de la Estufa Grande o de las Camelias y del Estanque de la Cascada, cuya visita no está permitida al público. La única puerta de acceso abierta  es la  del Paseo de la Virgen del Puerto.

 

 

 

 


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