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Angkot Wat

 

El símbolo de un país 

 

Angkor Wat es según muchos arqueólogos el templo religioso más grande del mundo y una de las joyas arqueológicas del planeta. Para Camboya tiene tal magnitud que incluso es el símbolo representativo presente en la bandera nacional.

Siempre pensé que la cultura occidental tiene un grave defecto, un mal entendido orgullo que roza la soberbia. La cultura oriental en muchos aspectos es más antigua, más culta, más profunda y sin embargo, entre los españoles se produce un desconocimiento histórico de la importancia de la presencia hispana en Asia y de la influencia de Asia en la Metrópoli. ¿Saben que la isla de Guam, hoy una base militar norteamericana fue española hasta el año 1900?, ¿Saben que tropas españolas tomaron Saigón y buena parte del Vietnam en el Siglo XIX cuando se conocía por estos pagos como Cochinchina? ¿Y que las tropas españolas formadas en buena parte por valientes soldados filipinos fueron los artífices de la conquista que posteriormente rentabilizó Francia convirtiéndose en potencia colonial en la zona ignorando a España?, ¿Saben que algunas naves españolas desembarcaron en Japón derrotando a los señores feudales japoneses, pero la falta de interés de la corona en estas tierras obligó a volver a sus bases filipinas a los invasores?   ¿Saben que el pueblo filipino se convirtió por voluntad propia en súbdito de la Corona Española, estatus que desapareció tras la guerra de independencia del archipiélago, instigada, como no, por Estados unidos y sus ambiciones expansionistas? Y por último, ¿Saben que tras la caída del imperio Jemer, creador de estas maravillosas reliquias, en manos de sus vecinos los reyes de Siam, España estuvo a punto de dominar Camboya a finales del Siglo XVI y anexionarla a la corona española aprovechando las luchas dinásticas que se sucedieron a la caída del imperio?. Que poco conocemos de la historia de España en particular y de la de Oriente en general. Si, buena parte del sudeste asiático y en especial Camboya, pudo haber formado parte de la Corona Española.

Mucho antes de estos hechos, Camboya era el asentamiento de una poderosa nación, los Jemer, se conoce su poder y su influencia ya en el siglo IX aunque su mayor florecimiento se da en el Siglo XII momento en el que uno de sus monarcas, el Rey Suryavarman II decide construir un grandioso templo dedicado al Dios Visnú, la religión dominante en aquel tiempo era el hinduismo. Los Jemer debieron ser una cultura extraordinaria, no es sencillo para un pueblo poco culto levantar tan grandes edificios, concebir tal belleza arquitectónica, adornarla con las más hermosas filigranas y esculturas, no, el pueblo Jemer debió acumular los conocimientos ancestrales de buena parte de la cultura oriental, hindú, china… conocimientos milenarios y muy complejos para dejar al futuro tan magna herencia. Lástima que el sanguinario dictador Pol Pot denominara a su grupo de iluminados a mediados del siglo XX los Jemer rojos. Mezclar tanta brutalidad, tanta estupidez   con la historia, deja una extraña y desagradable sensación al pronunciar la palabra Jemer. Aunque no conozco la historia de Camboya en profundidad, no recuerdo otro monumento de los seguidores de Pol Pot que las montañas de cráneos y las paredes llenas de fotografías de sus conciudadanos masacrados por el simple hecho de tener estudios superiores, llevar gafas o conocer otro idioma. Sin embargo, Angkor Wat sí es un monumento a una cultura que decidió dejar para la posteridad una muestra de su poder. No es mi intención juzgar pero ambos lugares son hoy centro de las visitas turísticas, el templo para recordar la grandeza de un pueblo, independientemente de su cultura y los lugares de holocausto para recordar justo lo contrario, la bajeza humana y moral en su máxima expresión.

Existe una leyenda poco creíble de las razones por las que el Rey Suryavarman II decidió levantar en la llanura cercana a la ciudad actual de Siem Reap el templo de Angkor. Cuenta la leyenda que dejó en libertad a un buey con la intención de levantar el templo en honor de Visnú en el lugar donde el animal se encontrara tan cómodo como para tumbarse, la realidad es tal vez más interesante. Se eligió un emplazamiento muy próximo a la antigua ciudad de Yashodharapura   una ciudad sagrada como significa su nombre en sanscrito. No sabría explicar las razones por las que ciertos lugares adquieren ese halo misterioso de sagrados, hay quien defiende que son lugares con una energía especial, vórtices por los que fluye el magnetismo terrestre en mayor medida, otros aseguran que tiene que ver con eventos naturales, como la costumbre de los Vetones en España de poner sus altares de sacrificios sobre piedras con alto contenido férrico, composición que suele actuar para convertir a esas piedras en para-rayos. Con la conciencia de que los meteoros eran obra de los Dioses, es fácil aceptar que esos lugares, o eran los preferidos de los Dioses en su estancia en la Tierra o los utilizaban para mostrar su grandeza, esta explicación es la más plausible, pero fuera como fuese, Angkor Wat se construyó en un lugar sagrado para la cultura jemer, eso es un hecho.

La construcción fue bastante rápida para la época, y el Rey vivió en el interior de los muros del complejo, allí estaba el palacio real, pero a la muerte del creador de esta maravilla, 37 años después, las obras quedaron paralizadas y no concluyeron jamás, nunca sabremos cómo pudo ser el complejo de Angkor Wat si hubiera sido terminado. En 1177 Angkor fue saqueado por sus vecinos y enemigos radicales los Cham, habitantes del actual Vietnam. Once años después, el Rey Jayavarman VII recuperó el territorio expulsando a los Cham y aunque recuperó Angkor Wat, trasladó la capital a Angkor Thom y erigió un nuevo templo en base a sus nuevas creencias budistas. Los sucesores del monarca fueron siendo fieles sucesivamente al hinduismo y al budismo con carácter destructivo para los centros del culto ajeno pero, por fortuna, Angkor Wat no solo no sufrió la venganza religiosa, algunos monarcas hicieron obras de conservación y mejora, pero la expansión del budismo era pujante y el templo dedicado a Visnú terminó convirtiéndose, con las modificaciones pertinentes, en uno de los mayores templos budistas del extremo oriente.

Con la definitiva caída del Imperio Jemer por el hostigamiento de siameses y   mongoles entre otros pueblos expansionistas, el complejo de Angkor fue abandonado trasladándose la capital al sur, más cerca del Mar, a excepción del templo principal que se mantuvo ocupado por monjes budistas   hasta nuestros días.

Noticias en occidente de la existencia de Angkor Wat son frecuentes aunque no siempre fueron comprobadas debido a la inexpugnable selva de la zona, por eso, en el siglo XIX, las referencias de un misionero francés habló maravillado de las bellezas de Angkor Wat y en especial del templo central. Tales afirmaciones pusieron a aventureros, arqueólogos y viajeros a la busca del paraíso perdido. Al convertirse la península de indochina en colonia francesa, las instituciones del vecino país pusieron todo su empeño en detener el deterioro del complejo de Angkor y aun después de haber abandonado como potencia colonial la zona, continuaron encabezando el estudio y el mantenimiento de los monumentales edificios de la zona hasta la llegada de la revolución encabezada por el sanguinario Pol Pot y sus Jemeres rojos. Una vez sofocada la revolución, el nuevo gobierno camboyano y los sucesivos, convirtieron el lugar en el centro turístico más conocido y valorado del sureste asiático. Por ese esfuerzo, el lugar fue reconocido por la UNESCO como patrimonio de la humanidad en 1995. Hoy está rodeado de alojamientos turísticos sin que la presión urbanística haya destruido la imagen y el privilegiado entorno de Angkor Wat, incluso se ha construido a no muchos kilómetros del complejo, un aeropuerto internacional que facilita la llegada del turismo a uno de los centros más apreciados del país y una de sus más apreciadas fuentes de ingresos.

La conservación en la segunda mitad del siglo pasado ha sido extremadamente problemática, en parte por la cercana guerra del Vietnam, en parte por la revolución de los Jemer rojos y finalmente por las labores de restauración llevadas a cabo por diversas instituciones, camboyanas y extranjeras, sin los controles adecuados, que han propiciado problemas de degradación progresiva de la piedra que conforma la construcción, en especial tras la eliminación de las especies vegetales que invadían alguno de los templos del complejo mediante distintos tipos de herbicidas químicos que se han revelado extremadamente perjudiciales por su toxicidad, no solo para la flora próxima, también para la piedra, como hemos dicho.

Pero no todas las construcciones del complejo han sido “rescatadas” de la naturaleza, uno de los edificios, Ta Prohm se ha querido conservar tal y como los arqueólogos del siglo XIX pudieron observar a la práctica totalidad de los edificios de Angkor, no se han talado los fantásticos ejemplares cuyas raíces se apoyaban sobre los sillares, rompiendo en algunos casos la cohesión que mantenían su verticalidad, convirtiéndose en una suerte de exoesqueleto leñoso de hasta 100 metros de altura en casos excepcionales.   Ta Prohm no puede competir con la majestuosidad de Angkor, el templo principal, emblema de una nación y sin embargo es probablemente el lugar más visitado y fotografiado del complejo que fue la capital del imperio Jemer. ¿Qué hace tan atractivo a Ta Prohm?, los magníficos ejemplares de ficus gibbosa y tetrameles nudiflora. Ta Prohm fue construido a partir de 1186 por expreso deseo del Rey Jayavarman VII quien se lo dedicó a su madre. Fue utilizado como monasterio budista y universidad. En sus tiempos de gloria llegó a ser atendido por la nada despreciable cifra de 80.000 súbditos y entre sus pertenencias llegó a disponer de 500 kilos de oro, 40.000 perlas e infinidad de piedras preciosas, tal vez era el cebo para los enemigos del imperio Jemer, las enormes riquezas de Angkor y sus alrededores. Cuando es definitivamente abandonado en el siglo XV, la selva retoma sus posesiones con la firmeza y paciencia que le caracteriza.

Cuando las instituciones francesas comienzan a restaurar los edificios del complejo de Angkor, deciden respetar los árboles cuyas raíces habían colonizado los sillares del templo, por su hermoso valor paisajístico y así recordar como encontraron la gran mayoría de los edificios. Hoy es, como digo, uno de los lugares con mayor encanto natural y turístico de Camboya y si algún día decidieran sustituir el emblema de Angkor en la bandera,   seguro que sería uno de los edificios de Ta Prohm abrazado por las raíces de uno de los gigantescos árboles de la selva Camboyana.

Queremos dar nuestro más cordial agradecimiento a Pilar González y Gerardo Durán por aportar el excepcional   material gráfico que ha hecho posible la publicación de este artículo.

Revista Cibernaturaleza.

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