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La relación entre gatos y seres humanos data de hace casi 4.000 años. En la actualidad el papel como mascotas se ha afianzado arrebatando protagonismo a los perros, quizá porque son más fáciles de cuidar y menos exigentes en cuanto a tiempo
y espacio se refiere. En Australia o Francia por ejemplo, la proporción es de un gato por cada tres hogares. En Gran Bretaña, hay más de seis millones de gatos domésticos y cinco veces más en Estados Unidos, lo que significa que uno de cada cinco hogares británicos y estadounidenses tienen al menos un gato en la familia.
La mayor parte de los gatos no tienen pedigrí, son los llamados gatos callejeros. El típico gato doméstico (Felis silvestres catus) es el resultado de generaciones de cruces casuales, aunque a veces predominen en ellos características de ciertas razas establecidas. No por ello son inferiores a sus congéneres de clase alta, todo
lo contrario, ya que muchas veces la manipulación genética son responsables de muchos problemas de salud.
Uno de cada 15 gatos domésticos tiene pedigrí, para ello hay que remontarse a cuatro generaciones o más de miembros inscritos, todos de la misma raza, en el registro genealógico correspondiente. En la mayoría de los gatos es imposible identificar con toda seguridad ni siquiera a los propios progenitores. Cada país cuenta con una
institución que establece las razas reconocidas, en Estados Unidos es más complicado, pues hay varias y cada una tiene diferencias sobre qué razas son aceptadas. Algunas razas reconocidas como distintas en un país, en otro son variedades de uno mismo. En un intento de estandarizar las razas y normas de exhibición a nivel internacional, muchas asociaciones se han agrupado bajo los auspicios de la FIFe (Federación Internacional Felina).
Además de gatos domésticos, están los "trabajadores", que son aquellos cuya función es cazar roedores, viven en granjas libres e independientes, en fábricas o edificios.
A los gatos les gusta entrar y salir libremente, los caseros llevan vidas plenas si gozan de suficiente compañía y afecto, siguen una dieta equilibrada y tienen oportunidad de poner en práctica sus habilidades persecutorias y escaladoras.
Aunque son animales de costumbres y valoran la estabilidad de lo conocido, carecen del sentido de la lealtad de los perros. Son prácticos y valoran la supervivencia. Eso no significa que no sientan cariño por sus dueños y miembros favoritos de la familia.
Son reservados y no están dispuestos a hacer cosas para agradar a su dueño, no aprenden trucos porque no ven ninguna utilidad en ello. Pueden ejercitar alguna técnica como abrir puertas, pero lo hacen por la recompensa, por ejemplo resguardarse del frío. A todos los gatos, hasta el más viejo les gusta retozar con algún juguete.
El hogar ideal de un gato es aquel en el que los hábitos estén bien establecidos, ya que psicológicamente precisan una rutina. Si en un hogar las personas llegan o salen a horas impredecibles y la casa está vacía demasiado tiempo el gato no se adaptará. Casi todos toleran bien quedarse solos mientras sus amos trabajan, sobre todo cuando
pueden salir, tienen un juguete o un buen punto desde el que puedan observar. A pesar de ésto necesitan predecir cuándo vuelven sus personas queridas. Lo ideal sería tener dos gatitos de una misma camada para que puedan hacerse compañía y jugar entre ellos.
No es una buena idea llevar un gato a casa cuando hay niños pequeños, lo cual es diferente cuando ya está el gato y nace un bebe. Los niños pequeños deben aprender algunas normas básicas sobre cómo tratar a los gatos, enseñarles que deben acercárse siempre a él de frente, nunca por detrás o desde arriba. Deben saber
que cuando un gato decide no jugar e irse a descansar, deben dejarlo tranquilo. Deben saber lo peligrosas que son las uñas y que también las usan cuando están jugango animadamente, por lo que deberán alejar la cara de ellos.
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