Al utilizar ELHOGARNATURAL  acepta que pueda instalar cookies para ofrecerle una mejor experiencia de navegación en nuestra página. Si continúa navegando entendemos que acepta nuestra política de cookies. Ver Política de cookies

 

 

Siguenos en:  

 

 

Web

www.elhogarnatural.com

 

Plantas y Vegetales

 

 

Cuidados

 

 

Varios

 

 

Reportajes

 

 

Rincones Mágicos

 

Amsterdam 
Angkor Wat 
Árbol encadenado 
Arboreto Luis Ceballos 
Bahía de Ha-Long 
Bosque de la Herrería 
Bosque el Forestal de Villaviciosa 
Casa de Campo/Casa de Vacas 
Chozo Kindelan 
Dalieda de San Francisco 
Dehesa de Navalcarbón 
El Alcornoque del Bandolero 
El Bosque Encantado 
Finca Mataespesa 
Invernadero Estación Atocha 
Invernadero Palacio de Cristal 
Invernaderos del Jardín Botánico 
Islas Azores 
Jardín de las Tres Culturas 
Jardín del Príncipe de Anglona 
Jardín Museo Joaquín Sorolla 
Jardín vertical 
Jardines de Cecilio Rodríguez 
Jardines de El Escorial 
Jardines Cuatro Torres 
Jardines del Campo del Moro 
Jardines La Granja San Ildefonso 
Jardines del Palacio del Pardo 
Jardines Palacio Real / Madrid 
La Gran Muralla China 
Lagos Plitvice / Croacia 
Las Islas Vírgenes Británicas 
Madeira 
Monte de El Pardo 
Mustang: reino perdido Himalaya 
Palmira 
Parque el capricho 
Parque del Oeste 
Parque del Retiro 
Parque Nacional Torres del Paine 
Parques de Villalba / Madrid 
Presa del Grajal/Colmenar Viejo 
Quinta de la Fuente del Berro 
Quinta de Los Molinos 
Ruta a la Peña del Arciprestre 
Ruta Camino del agua/Cercedilla 
Ruta Cascada Purgatorio/Rascafría 
Ruta de la Presa del Gasco 
Ruta de las Caras 
Ruta Molinos Río Perales 
Ruta Tejos Milenarios (Rascafría) 
Senda botánica-Torrelodones 
Valle de la Fuenfría/Cercedilla 

 

Vídeos

 

 


 

 

Tal vez la frase más importante nunca pronunciada lo fue hace 2500 años y nació de un personaje conocido por ser considerado el padre de la medicina actual, Hipócrates:

“Que tu alimento sea tu única medicina”.

Si Hipócrates viera en lo que se ha convertido la medicina actual, renegaría de que su nombre siguiera siendo venerado por las escuelas y asociaciones médicas, él tenía claras muchas cosas, entre ellas la capacidad del cuerpo para regenerarse y que para ello necesita una alimentación en la que la relación con las plantas debía ser estrecha, muy estrecha, y los actuales protocolos tienden a ignorar esos hechos en favor de intereses ajenos al paciente. Pero esto no ha de ser interpretado como una crítica al personal sanitario, nunca dudaría de la entrega y buena fe de las personas que cuidan con profesionalidad y abnegación a sus pacientes, sí sin embargo de un sistema que permite a los “lobbys” de la industria farmacéutica influir en esos protocolos y en decisiones políticas encaminadas a proteger sus modelos de negocio.

Recientemente y con la argumentación de la protección de los ciudadanos, la Unión Europea ha dictado normas muy restrictivas referidas a los llamados “complementos alimenticios” que no son otra cosa que los preparados, muchos de ellos relacionados con la fitoterapia y la homeopatía que se ofertan en herboristerías y parafarmacias.

Evitar que se cometan abusos hacia los consumidores es cosa buena, en esencia es la labor que debiera realizar cualquier estado honesto, pero cuando se hace en favor de intereses de terceros… Tal vez por eso, el conocimiento de las plantas medicinales y sus preparados caseros es sumamente recomendable, aunque algunas de ellas pudieran deparar algún riesgo, no dejan de ser más controlables a título individual con la consiguiente confianza, la seguridad de que la planta con su principio activo está presente y en las cantidades que a menudo recomienda la abuela.

La Fitoterapia o terapia con las plantas no es nueva, existen pruebas documentales y tradiciones orales del uso de las plantas en el tratamiento de distintas patologías que datan de miles de años. Ciertas tradiciones indígenas califican a algunas plantas medicinales como regalos de sus deidades y en cierta forma lo son, al menos hasta que una farmacéutica extrae el principio activo y lo patenta, y eso me recuerda casos tan sangrantes como las dificultades que se dan en el cultivo y la comercialización de plantas de un edulcorante natural procedente de América del sur, la Stevía, que además de endulzar, colabora con el organismo en el equilibrio de la presencia de glucosa en la sangre, cosa que beneficia a los diabéticos, y sin embargo, ya se puede ver en los lineales de los centros comerciales productos que afirman estar basados en esta planta, carísimos y con escasez de principio activo. El consumidor no puede utilizar la planta como lo hacen desde la noche de los tiempos los guaraníes, pero si puede pagar un dineral por unas migajas de principio activo en un producto manufacturado lleno de siglas cripticas en su composición, a eso es a lo que me refiero. De seguir así es probable que en el futuro se den noticias de la autoridad competente desmantelando una plantación ilegal de manzanilla o poleo.

Los orígenes de la utilización de plantas en la sanación, como he dicho anteriormente, se pierden en la noche de los tiempos. Sorprende la prolijidad del documento conocido como “Papiro Ebers” egipcio con información detallada de diagnóstico de enfermedades, así como unos 800 preparados basados en plantas en su gran mayoría, ese documento está datado 1600 años antes de nuestra era. Griegos y romanos, basándose en conocimientos ancestrales, evolucionaron sistematizando las propiedades terapéuticas de las plantas, cabe destacar de entre los mayores estudiosos a Discórides, griego que sirvió a Nerón y sobre todo al famoso Galeno, cuyo nombre se asocia hoy a la profesión de médico.

Es en los conventos y abadías donde se conserva este conocimiento de las propiedades terapéuticas de las plantas, hasta el punto que en muchas de ellas existían huertos y plantaciones exclusivamente dedicadas al cultivo de plantas medicinales. Ya en el siglo XII, poco antes de que comenzaran a fundarse universidades que impartían conocimientos de medicina, la abadesa del monasterio de Binguen, Hildegard,   escribió varias obras relacionadas con la medicina y las plantas medicinales. En el siglo XVIII, se establecieron las bases de la farmacopea, basada especialmente en la fitoterapia, su autor Nicolas Lémery y su título, Farmacopea universal. A partir de este momento, las plantas y la industria farmacéutica comienzan un lento y progresivo aunque aparente distanciamiento. La industria desarrolla el concepto del principio activo, sintetizado desde el estudio en laboratorio de muchas plantas. Por un lado, cuando se aplica ese principio activo, la reacción terapéutica es más activa, más veloz el resultado obtenido que cuando se utilizan las plantas que lo contienen y sin embargo, el principio activo genera habitualmente efectos secundarios que la planta no provoca y además, la planta no suele ser patentable.

La fitoterapia pues, se diferencia con la medicina actual en que utiliza preparados “galénicos” como decocciones, tinturas, polvo de la planta seca y triturada, infusiones, cataplasmas y todo tipo de aplicaciones tradicionales, pero normalmente utiliza la planta completa y no el principio activo sintetizado, si la dosificación es correcta, su beneficio es obtenido más lentamente, sin efectos secundarios y suelen ser efectos más duraderos, y coincide con la medicina tradicional en que trata de atajar síntomas, no incide en las causas normalmente.

Aunque la fitoterapia suele basarse en las plantas que están al alcance de las manos que la ejercen, hoy es posible acceder a plantas, con propiedades especialmente gratificantes que nacen en distintos continentes, por lo que me atrevo a decir que nunca antes había sido posible obtener tantos beneficios de las plantas medicinales.

 

Aloe Vera

Calendula

Camomila

Hibiscus

Hiperico

Menta

Quinoa

Romero

Stevia

Tomillo

 

 

 


Copyright (c) 2005 - 2014. Licencia Creative Commons By-excepto los vídeos-By-Nc-Nd